Jay Kristoff, el rey de los vampiros

El autor australiano Jay Kristoff presentó en Barcelona su libro «El imperio del vampiro» (Nocturna Ediciones).

 

Primer giro del mes de octubre, Barcelona. Por segundo día consecutivo se percibe una cierta oscuridad en la ciudad condal, como si las sombras fueran un poco más densas de lo habitual y parecieran espesarse conforme nos acercamos al Templo del vicio y la subcultura (también conocido como librería Gigamesh), donde nos espera Jay Kristoff, el autor de más de una docena de novelas y que trae a España, de la mano de Nocturna Ediciones, El imperio del vampiro, su octavo libro traducido al español.

A fin de presentarte a los lectores españoles que aún no te conozcan, fingiremos que no sabemos nada de ti ni de tu obra… ¿Quién eres? ¿Qué tipo de libros escribes?

Mi nombre es Jay Kristoff. Soy un autor australiano de ciencia ficción y fantasía. El imperio del vampiro es la decimosexta novela que publico, y es el inicio de una nueva trilogía de fantasía dark epic con matices de terror.

¿Cómo definirías tus novelas? ¿Puedes vendérnoslas en cinco palabras?

Sangrientas, oscuras, góticas, obscenas y… divertidas.

¿Cómo surgió tu primera novela? ¿Cómo te sentiste al conseguir publicar por primera vez?

Lo primero que recuerdo sentir fue incredulidad. Empecé a escribir mi primer libro sin que nadie a mi alrededor supiera que lo estaba haciendo. No se lo conté ni a mi mujer, ya que yo pensaba que era una forma tonta de perder el tiempo y que no iba a ser publicado ni mucho menos a tener éxito. Así que cuando fue aceptada, publicada y lo tuvo, me invadió la incredulidad. A eso le siguió darme cuenta de lo afortunado que era y la gratitud hacia las personas que me acompañaron en el camino de la publicación. Y por supuesto la gratitud hacia mis lectores. De modo que si estás leyendo esto y formas parte del engranaje, si lees mis obras y las recomiendas a otras personas por el canal que sea (Instagram, BookTok, Amazon o donde sea) te estoy eternamente agradecido, pues no podría hacer nada de esto sin ti.

¿Qué edad tenías al escribir tu primera novela? Cuando escribiste las primeras, ¿pensabas ya dedicarte a la escritura a tiempo completo y te volcaste a ello o surgió después y empezó como algo al margen de otra vida laboral?

Creo que rondaba los treinta y cinco años al empezar a escribir mi primera novela. Por aquel entonces me dedicaba al mundo de la publicidad en una agencia como creador de contenido para anuncios. Me dedicaba principalmente a escribir guiones para la televisión. Contando historias, sí, pero de las que están contadas para venderte algo. No dejaba de pensar en que quería escribir una historia que fuese solo mía, en un mundo que fuera mío, para controlarlo en lugar de ser controlado por agentes y clientes.

¿En qué punto de tu carrera te enfocaste a ser exclusivamente escritor?

Tras vender la trilogía “Illuminae”, escrita junto con la autora australiana Amie Kaufman, la segunda serie que publiqué. Sobre todo cuando vendimos los derechos en Estados Unidos nos dimos cuenta de que tal vez tuviéramos dinero suficiente para dedicarnos durante un par de años únicamente a escribir. De nuevo me sentí muy afortunado por disponer de esa oportunidad y por el éxito de las siguientes publicaciones, que me permitieron hacer de la escritura creativa mi forma de vida. Es algo poco habitual y especialmente difícil en el entorno australiano, de modo que es una auténtica suerte. Y puedo decir con seguridad que es el mejor trabajo que he tenido jamás.

¿Qué libro o libros has estado leyendo últimamente?

Creo que el último libro que terminé fue The desert prince de Peter V. Brett, el inicio de una nueva secuela dentro de la saga «The demon cycle», y recientemente acabo de empezar a leer la saga «Nacidos de la bruma» de Brandon Sanderson.

¿Qué tal se lleva el ser un autor de género y a la vez lector? ¿Es compatible?

Siento que ya no puedo leer como lector nunca más; no se puede disfrutar de la lectura del mismo modo que antes porque te vuelves crítico y analítico de una manera inflexible. No crítico en el mal sentido, sino en el aspecto académico, puesto que pasas a estudiar cada libro que pasa por tus manos, a analizar por qué el escritor hace lo que hace, cómo conduce la trama, las técnicas que utiliza, etcétera. Lo percibo como algo un tanto triste o nostálgico. No puedo disfrutar de la lectura como lo hacía antes, pero al mismo tiempo aprendo mucho analizando a otros autores, así que me compensa. Sigue siendo un muy buen trabajo.

¿Sueles leer un tipo concreto de género? ¿Tienes algún referente claro en tu carrera como escritor que haya sido una fuente de inspiración potente para ti?

Si bien es cierto que tengo algunos autores preferidos, intento no limitarme en cuanto a los géneros que leo porque creo que, si eres un autor de fantasía que solo lee a otros autores de fantasía, te arriesgas a sonar peligrosamente similar a ellos, dado que solo te nutres de inspiración de fantasía a tu alrededor. De modo que no solo trato de leer tanta variedad como puedo, sino que también limito al máximo mis lecturas del género.

Desde luego hay obras de fantasía que me han inspirado a crear muchas de mis obras y estas inspiraciones cambian mucho según el proyecto del que hablemos. Por ejemplo, los referentes en El imperio del vampiro son Entrevista con el vampiro, de Anne Rice, que es la fuente principal de inspiración en este libro, especialmente en términos de construcción de la novela o cómo ha sido estructurada, con un paralelismo de narración que nos traslada a la relación del vampiro Louis con el periodista que recoge su historia. También me inspiró el libro Blood song de Anthony Ryan y El nombre del viento de Patrick Rothfuss.

¿Algún libro que al leerlo te hiciera pensar: «¡Joder! Ojalá se me hubiera ocurrido y lo hubiera escrito yo»?

¡Montones de ellos! Me hubiera encantado haber escrito las sagas de Juego de tronos o Harry Potter, por ejemplo, en términos del impacto monetario [se ríe]. En términos de prosa, me alucina el talento de Laini Taylor, cuyo último libro publicado es La musa de las pesadillas. Su inventiva está a otro nivel, no deja de alucinarme. Normalmente cuando leo a autores de fantasía puedo discernir sus fuentes de inspiración o los pedacitos de sus mundos que me suenan de otros, pero Laini pertenece a un reducido grupo de autores de los que puedo afirmar que no sé cómo narices funcionan sus cerebros o de dónde demonios sacan las ideas para sus historias, tiene un torrente de talento desbordante con una prosa tan mágica que encandila. Ella es de esos autores a quienes aspiro a parecerme algún día.

¿Eres un escritor tipo brújula o tipo mapa?

Un poco de cada, según el proyecto. Y aunque utilice un mapa o una cierta estructura o planificación, siempre me gusta dejar hueco para el caos, para que los personajes durante el transcurso de la escritura me sorprendan. Me gusta cuando los personajes hacen cosas inesperadas o la historia toma un giro que ni yo mismo había anticipado. A fin de cuentas si mis personajes me sorprenden a mí, cabe esperar que mis lectores sientan tanta o más sorpresa. Pero la novela de El imperio del vampiro es tan compleja y tan grande que pensé que si la iba redactando sobre la marcha acabaría desperdiciando cantidades ingentes de tiempo volviendo atrás para que todo tuviera sentido, o tomaría giros sin sentido y en definitiva, reescribiría demasiado. Por ello, cuando estaba a medio camino de redacción de esta primera entrega de vampiros, decidí sentarme a planificar concienzudamente para tomar el control de las tramas. Puedo afirmar que sigo sin disfrutar del proceso de planificación, pero me di cuenta de que lo que sí disfrutaba era de levantarme por la mañana y saber qué tenía que escribir, a dónde tenía que llevar a mis personajes [a buen seguro directos a sus muertes, añade @lalibredrea], qué he de conseguir de cada parte de la historia.

¿Crees que esta planificación literaria para ti puede limitar en cierta medida tu creatividad?

No, porque pese a disponer de este mapa de tramas, de lugares y de tiempos, siempre dejo lugar para el caos, para los giros inesperados o las sorpresas en las decisiones que los personajes tomarán. Otras veces, a medio camino de la exploración de este mapa se me ocurre algo mejor para la historia y acabo descartando la idea inicial y replanteando una buena porción de la planificación previa. De modo que acaba habiendo más caos en medio de ese orden. Soy consciente de que probablemente no es el modo más eficiente de escribir, especialmente con libros tan grandes y exigentes como El imperio del vampiro. Gestionarlo se hace complicado, pero de nuevo al final del día sigue siendo el mejor trabajo que he tenido en la vida, así que compensa todo el dolor y sufrimiento posibles en el proceso.

¿Cómo de avanzado está ese mapa? ¿Sabes ya cómo vas a acabar esta trilogía de vampiros?

Tengo claros varios aspectos del final de la historia, me sería extremadamente duro avanzar con la escritura si no tuviera claras algunas cosas de la resolución de la historia. La analogía que uso para expresar esto es la siguiente: voy conduciendo en el coche en una noche cerrada. Conduzco con los faros apagados pero puedo ver en el horizonte las luces del lugar al que quiero llegar, y sé más o menos en qué dirección he de seguir, aunque no sepa qué carreteras o caminos tomaré para ir hasta allí.

¿Qué hay del proceso de creación durante la trilogía de «Nuncanoche»? ¿Los faros iban encendidos o apagados? ¿Mapa, GPS o intuición de carretera?

Iba completamente a ciegas mientras escribía «Crónicas de la Nuncanoche», no tenía ni la más mínima idea de cómo iba a terminar. Estaba seguro del worldbuilding y de la mitología de ese mundo, la historia de Aquel que todo lo ve y de la diosa de la Oscuridad. Sí que hago siempre un mapa literal, un esbozo de cómo será el mundo. Y enseguida vi el de Tumba de Dioses con esas costillas masivas descansando sobre la ciudad. Lo que no conocía era el transcurso de las aventuras de Mia Corvere o la identidad del narrador de la historia hasta que llegué a tres cuartos de la escritura de la segunda novela, Tumba de dioses. Tenía tres opciones en mi cabeza y bastante claro que quería que fuera uno de esos personajes, pero no planifiqué su resolución, el final o la muerte de ninguno de ellos. Teniendo siempre en mente que no puedo dejar simplemente que mis personajes vivan felices para siempre. [Risas crueles. De verdad, crueles.]

En las «Crónicas de la Nuncanoche» vemos siempre una presencia clara de la dicotomía luz-oscuridad, incluso en algunos los títulos de los libros de la trilogía como Nuncanoche o Albaoscura. Vemos también en la trama de El imperio del vampiro esa importancia de la luz (o ausencia de ella). ¿La luz tiene algún significado especial para ti?

Nuncanoche es la historia de un mundo donde el sol casi nunca se pone mientras que El imperio del vampiro transcurre en un lugar donde el sol nunca brilla con fuerza, pero en realidad no es más que una coincidencia. Mientras que en Nuncanoche la luz y la oscuridad juegan un papel crucial en la trama, en esta última novela la ausencia de luz es una mecánica narrativa, un modo de neutralizar las limitaciones de los vampiros y crear un mundo en el que pudieran ser tan poderosos como para conquistar y arrasar naciones y sembrar el terror incluso a la luz del día, puesto que esta es tan tenue que no les hace daño.

¿Te planteaste El imperio del vampiro como una historia esencialmente sobre vampiros?

Fue la idea original. Siempre me quedó esa espina clavada o asunto pendiente, como lo queramos llamar, pues la primera novela que escribí en 2008 pero que nunca llegué a publicar trataba de ellos. Pero esa primera novela era una fantasía urbana sobre vampiros y era terriblemente mala (como suelen ser las primeras novelas que cualquiera escribe), pero la idea esencial era que los vampiros caminaban a cualquier hora del día y que no podían escoger a quién transformaban en vampiro y a quién no, unos se levantaban como hermosas e inmortales criaturas y otros como animales para siempre, como monstruos. Con el tiempo fui viendo clara la historia en mi mente. Y digo viendo de un modo literal, ya que al haber trabajado en el mundo del diseño gráfico cuando era joven, visualizo mis historias como películas en la mente y luego las transcribo.

Dioses, gladiadores, asesinos, vampiros, ¿tal vez alguna vez nos des dragones para cerrar una excelente colección de series de fantasía oscura épica?

Lo cierto es que tengo ciertas ideas para una serie sobre dragones, ahora mismo tengo dos ideas principales que batallan en mi mente… Tan pronto como se alce una vencedora trataré de encontrar el tiempo para transcribirlo.

En la saga de «Crónicas de la Nuncanoche» se percibe una relación especial con Italia, con la ciudad de Tumba de Dioses como una versión nueva y oscura de Venecia. ¿Esta conexión se produjo antes o después de escribir la trilogía? ¿Sueles viajar para inspirarte?

Lo cierto es que la idea de escribir Nuncanoche surgió durante un viaje por Europa con mi mujer, en 2014, en uno de nuestros viajes de aniversario. Recuerdo estar en el Coliseo de Roma y tener una idea que fue el nacimiento del libro. Venecia ha sido siempre una ciudad que me ha encandilado desde que la visité por primera vez en 2004. Y recordaré siempre la primera noche que pasamos allí, paseando con mi mujer por la Piazza San Marco. Era una noche particularmente oscura y una niebla muy espesa reptaba desde el mar arrastrándose por las calles y las plazas. Era tan densa y alta que era como caminar entre nubes, como si la ciudad entera se hubiera trasladado a los cielos por una noche. Estoy irremediablemente enamorado de Venecia desde entonces, y no me costó imaginarla parecida a Tumba de Dioses después cuando empecé a escribir los libros. Junto con la ciudad, incorporé en términos de estructura similitudes con el esquema de gobierno del Imperio Romano, reimaginando el Gobierno Itreyano de mis obras como un what if reinventado con un Julio César que falló al hacerse con el control de la República.

El imperio del vampiro por otra parte parece tener aromas franceses entre sus páginas. ¿Has explorado el país para inspirarte? ¿Qué otras ciudades o países europeos aportan notas de color a esta nación de vampiros?

El continente en el que transcurre esta novela es una amalgama de países del oeste de Europa. El centro del imperio tendría inspiración en Francia y las naciones adyacentes que han sido adheridas al imperio vampírico serían…: al norte una analogía de España en cuanto a cultura, historia, etcétera, y al este una nación híbrida a medio camino entre Escocia y Gales; pero cuanto más cercanos están al territorio central, más influenciados se encuentran por los tintes franceses de los conquistadores en cuanto a idioma o apellidos (algo que se ve claramente en la nobleza vampírica). Y es por eso que el protagonista, Gabriel de León, tiene un nombre español, porque su familia procede de esa nación norteña inspirada en España. [Por eso detesta a los franceses, monstruos sanguinarios aparte.]

Los tatuajes son un elemento clave en parte del sistema mágico que presentas en El imperio del vampiro y llevas bastante tinta en tu propia piel, ¿qué te llevó a introducir las iconografías religiosas en forma de tatuajes en esta nueva trilogía?

Acostumbro a tatuarme algo en mi cuerpo por cada serie o libro que he publicado, así que tengo un buen puñado de ellos. Entre este mes y el que viene incorporaré por fin el tatuaje de El imperio del vampiro. Pero en términos de simbología, y volviendo al hecho de que la mayoría de las ideas me llegan en forma visual, siempre imaginé a un hombre literalmente deslumbrante que combatía contra los vampiros y cuya piel era un arma brillante contra ellos, y amando como amo los tatuajes parecía lógico decidir que los cazadores de vampiros armaran su propia piel con plata. Además, comulga con mis años mozos jugando a «Dragones y mazmorras», con un Jay de escasos doce años que imaginaba a su paladín como un guerrero religioso tatuado con simbología mágica que incorporaba grabados en su piel cuanto mayor se hacía su nivel.

Volviendo al tema audiovisual y la forma en que las ideas se materializan en tu cabeza, ¿has pensado adaptar alguna de tus obras a formato audiovisual o vender sus derechos para adaptarlas a la pequeña o la gran pantalla?

¡Por supuesto! De hecho hemos vendido ya los derechos de las trilogías de «Illuminae» y de «Aurora Rising» y hay algo cociéndose respecto a El imperio del vampiro de lo que no puedo hablar todavía pero que es muy emocionante para mí. Pero, en todo caso, me mantendría como asesor durante el proceso si fuera posible; desde luego que no me metería a escribir yo mismo el guion, ya que mi experiencia previa se limita a la escritura de guiones de duración muy corta que nada tienen que ver con un largometraje. Además, que seas un portento tocando el violín, no significa que puedas por ello tocar la guitarra. No soy lo suficientemente arrogante para creer que yo sería necesario en el proceso de redacción del guion que adaptara mis novelas, de modo que me conformaría con poder estar involucrado en el proceso en cierta forma.

¿Concibes en tu mente alguna de tus series en formato videojuego?

Desde luego, eso sería impresionante, me encantaría.

Acostumbrados en la última década a la visión más romantizada del mito del vampiro, ¿son los vampiros en esta nueva trilogía realmente los villanos? ¿Qué visión de estos monstruos quieres acercar a tus lectores?

He traído de vuelta el tipo de vampiro con el que yo he crecido, leyendo Salem’s Lot de Stephen King o viendo películas como The Lost Boys donde los vampiros son monstruos contra los que luchar, a los que cazar y destruir. De todos modos para mí El imperio del vampiro no es un libro sobre vampiros per se, es un libro sobre cómo la humanidad lucha por la supervivencia en un mundo hecho trizas. Y el origen de esa destrucción son los vampiros, de modo que son un recurso, un depredador a ser derrotado. Escogí alejarme de la tendencia del vampiro más humanizado y romantizado. Visión con la que no tengo problema alguno, me encanta The Vampire Diaries por ejemplo, team Damon Salvatore de por vida. De hecho nunca he conocido a nadie que fuera team Stephan; solo hay dos tipos de personas en el fandom del vampiro: team Damon y aquellos que aún no saben que son team Damon [risas]. Pero, de vuelta a mis vampiros, quería regresar a la idea de una maldad primordial, un vampiro que en última instancia nos miraría del mismo modo en que yo miro una jugosa pieza de carne recién braseada y que dispongo a devorar como cena.

Si los vampiros están en el lado de la maldad en la balanza del bien y el mal, ¿serían los santos de plata [los guerreros clérigos del libro que rastrean, cazan y matan vampiros y demás monstruos] los héroes?

No son en absoluto los héroes de esta historia. Sí que son gente que está luchando contra la oscuridad que asola su nación, pero son una organización religiosa, con todos los defectos que eso conlleva. Me crie en un entorno familiar donde la religión estaba muy presente y siempre he tenido muchas preguntas acerca de la institución católica y la fe. Muchas de esas preguntas son las mismas que Gabriel se va planteando y explora a lo largo de esta primera entrega, con mucha crítica hacia las instituciones religiosas (de su posicionamiento hacia la mujer, la negación y condena de la transexualidad y en definitiva la persecución al colectivo LGTBI+). Y los santos de plata no son inmunes a estos dogmas. Gabriel en este primer libro se da cuenta de que esa gente lo ha adoctrinado para creer que son héroes, pero que tienen a sus espaldas tantos pecados o más que cualquier otra persona. Ampliar su perspectiva y abrir los ojos ante esta iglesia es parte del viaje de Gabriel en esta novela. Hay gente que forma parte de ella que trata de hacer el bien, pero, al fin y al cabo, no son perfectos. No concibo las ideas del mal y el bien en términos absolutos, me gusta escribir sobre personajes con motivaciones e ideales pintados siempre en una escala de grises.

Y por último, pero no por ello menos importante, ¿Qué opina tu terapeuta de esa tendencia tuya a matar a la gran mayoría de los personajes de tus sagas o bien hacerlos sufrir durante interminables travesías o agónicas batallas?

[Risas] Soy muy consciente de que a menudo cabreo a mis lectores [más risas]. Quiero decir…, todo el mundo tiene que sufrir en mis novelas, ¡no sería divertido si no! Y eso incluye tanto a los personajes como a los lectores. El conflicto y el sufrimiento son la fuente de todo buen drama, y son los ingredientes para conseguir personajes interesantes. Así que aunque sé que os hago sufrir, lo hago desde el amor, porque puestos a haceros sentir algo, quiero que os enamoréis de mis personajes sabiendo que, como en la vida real, pueden morirse en cualquier momento, y que la falta de certeza y el temor de perderlos sean la fuerza que os haga pasar las páginas. Si cuando los lectores vienen a que les firme el libro me dicen que me odian, siempre me lo tomo como un cumplido, porque sé que estoy haciendo bien mi trabajo.

 Gracias por todo el sufrimiento, Jay.

No hay de qué. El placer es todo mío.

Jay Kristoff, el rey de los vampiros – Librujula